Un robot que supo homenajear a Asimov


FICHA TÉCNICA
Dirección: Andrew Stanton
Producción: Jim Morris
Guión: Andrew Stanton
Música: Thomas Newman
Montaje: Stephen Schaffer
Reparto: Ben Burtt, Elissa Knight, Jeff Garlin, Fred Willard.

Año: 2008
Género: Ciencia Ficción
Duración: 98 minutos
Compañías
Productora: Pixar Animation Studios/ Walt Disney Studios
Distribución: Walt Disney Studios/ Buena Vista Internacional

Por José Bustamante
Fue, indudablemente, la mejor película que vi el 2008. Cuando me enteré de que tenía 6 nominaciones al Oscar (Mejor Película de Animación, Mejor Guión Original, Mejor Banda Sonora, Mejor Canción Original, Mejor Edición de Sonido, Mejor Sonido), más que alegría, fue un poco de desilusión la sensación que me golpeó. Es que (de verdad), para mí Wall-E es mucho más que 6 nominaciones al Oscar y un miserable galardón recibido (Mejor Película de Animación). Insisto: para mí Wall-e es la mejor película del 2008; tiene el argumento más completo, la historia más envolvente, y la mejor adaptación de los grandes tópicos sci-fi formulados hasta hoy.

Y si están pensando “este sujeto le está poniendo musho”, los comprendo. Pero tal vez me explique mejor si me dirijo al génesis de todo el asunto. Al “por qué” de este culto al pequeño robot compactador de basura llamado Wall-e.

Isaac Asimov fue un connotado científico y escritor de ciencia ficción. Falleció el 92´ y Wall-e se estrenó el año pasado, es decir, este bioquímico-literato, ateo-judío y nacionalizado en Estados Unidos, no tiene nada que ver con la distribuidora Disney, la productora Pixar, ni con el pequeño robot protagonista de su homónimo filme; Wall-e. ¿Por qué traer, entonces, a colación al tipo en cuestión? Bueno, simplemente, porque es considerado por gran parte de la fanaticada más ortodoxa del género ciencia ficción, cómo el más grande exponente de todos los tiempos e, incluso, se ha llegado a la muy cuestionable afirmación de que es, ni más ni menos, que el padre; el fundador del género literario mencionado.

Además de todo aquello, y por decenas de razones, (que no abordaré en profundidad en este espacio), la mayoría provenientes de mi subjetividad, para mí es el escritor más prolífico de ciencia ficción hasta la fecha y, el año pasado, precisamente, en el filme Wall-e encontré la primera adaptación perfecta, reflejo de una correcta asimilación de los postulados Asimovianos, de todo el cosmos diegético contenido en las sagas robóticas de este escritor ruso-americano.

Y cuando digo adaptación perfecta, no exagero. Tal vez, aunque muy difícilmente, no haya existido la intención previa, pero Wall-e es, a todas luces, una apología a Isaac Asimov. Y una apología que le hace total justicia al elogiado.


1) Isaac Asimov, construyó los cimientos de la era en que se empezaron a desarrollar con complejidad y seriedad dos tópicos (luego considerados fundamentales) de la ciencia ficción y que, antes, sólo se habían empleado de forma puramente superficial. Estos son: la space opera (historias que transcurren en civilizaciones interplanetarias) y la inteligencia artificial o robótica, concepto acuñado por el mismísimo Asimov.

Wall-e, como todos sabemos, es el nombre del protagonista del largometraje: un robot que se queda en la Tierra limpiando los desechos acumulados por la humanidad, olvidándose de desactivarlo, cuando esta instaura una nueva civilización flotante en un gigantesco domo intergaláctico. Una space opera que convive en perfecto equilibrio con la odisea de un robot.

2) Una herramienta sumamente característica de Asimov, para nombrar a los robots de sus novelas (graficado, principalmente, en su libro, por excelencia, de robots: I, Robot) es el empleo de un juego de palabras que denote un doble significado. Un ejemplo claro de esto se da en un episodio de I, robot, en el cual un autómata caracterizado por su gran velocidad es llamado SPD (en inglés se pronuncia al igual que speedy >es-pi-di<, lo cual significa veloz). En Wall-E se utilizó la unión de dos fonemas distintos “Wall” y “E”(gual-i), dando lugar a un nombre tradicional del habla inglesa: “Wally”. Además, Wall-E, funciona como una sigla de modelo del robot, que significa Waste Allocation Load Lifter Earth-Class.

Otra pieza cinematográfica reconocida que, de un modo evidente, se basó en los conceptos e ideas fundados por Asimov fue la saga Star Wars. En ella se conocimos robots, como el androide C3-PO (se pronuncia Ci-tri-pi-ou y se estructura el nombre Citripio) y el conocido por todos R2-D2 (se pronuncia ar-tu-di-tu y se forma Arturito).

3) La premisa central sobre la que giran todos los cuentos de robótica de Asimov es, en términos simples: “cuídate de la tecnología, porque cuando menos se espere, esta obedecerá a las atribuciones que el mismo ser humano le ha brindado y lo terminará dominando”.

Aquellas facultades que el ser humano le ha brindado a la tecnología, Isaac Asimov, ya en los años 50, las resumía en tres leyes que los robots tenían plasmadas en sus “cerebros positrónicos” (A.K.A ROM). Estas se conocerían como “Leyes de la Robótica” y dictarían lo siguiente:

-Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
-Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
-Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

En el último cuento de la novela de Asimov, I, Robot; “El conflicto inevitable”, se describe un futuro en el que las máquinas, tratando de ceñirse a aquellas leyes, asumen un rol paternal y se encargan de “impedir que los seres humanos sufran daño”. Lamentablemente estas comienzan a ver a largo plazo el destino de la humanidad y descubren que si ellas no intervienen, los hombres terminarán autodestruyéndose. Es por eso que los robots se tomas más facultades y, disimulada e imperceptiblemente, nos comienzan a dominar.

El desenlace de Wall-e es igualmente maestro. De hecho, todo indica que Stanton utilizó en todo momento a las Leyes de la Robótica como una base en el funcionamiento de los robots. En Wall-e todos los aparatos velan por el bienestar de los hombres: los desplazan, los alimentan, son un medio para comunicarse con otros humanos, los visten, etc. Pero aquella humanidad, al igual que la descrita en “El conflicto inevitable” no logra percibir que al entregarse a tan alto grado a los brazos de la tecnología, termina sometiéndose y dependiendo de ella.

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